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¡Larga vida al tango! Piazzolla, la resignificación infinita de una música vigente

Mientras escucho Haydee en el primer álbum del Octeto Buenos Aires me pregunto ¿Por qué hablar de Astor Piazzolla? Miro la contratapa y leo “el único propósito del Octeto Buenos Aires es renovar el tango popular, mantener su esencia, introducir nuevos ritmos, nuevas armonías, melodías, timbres y formas … no pretendemos hacer música llamada culta”.

En la antesala de la Experiencia Piazzolla 2021, que tendrá lugar en el Centro Cultural Konex de la ciudad de Buenos Aires, y que lo homenajea en el centenario de su nacimiento, se presenta en Setiembre 2020 una previa online. Es la tercera edición de este evento y vale la pregunta ¿qué sucede hoy en el mundo del tango y qué es lo que hace tan relevante a la figura de Astor?

Sin dudas, Piazzolla inspira fuerte a las generaciones actuales en el mundo de la música. En el auge de su carrera cimentó su matriz identitaria sobre un género que, luego de los años 60 entró en una aparente retirada, sobre todo en lo que respecta a la función social como música de baile en Argentina. Es en ese mismo momento cuando justamente Astor colabora con su renovación revivificándolo. Su paso por la orquesta de Anibal Troilo y las influencias de la música de Julio De Caro y Alfredo Gobbi fueron fundamentales para el desarrollo de sus raíces tanguísticas. Pero Piazzolla no se quedó para siempre en el tango tal como le fue dado; construyó otro tango, uno nuevo con lo que mamó y con su lectura en relación al momento que le tocó vivir. Su propuesta musical supo trascender los límites que se le imponen al estilo y circuló en los márgenes de lo difícilmente realizable. Diciendo algo más, deconstruyendo esa música, que según decían, ya no podía ser renovada y al mismo tiempo interpelando a la música toda.

Sigue rodando el Octeto en mis auriculares, ahora escucho su versión de Mareados. Intensa, infinita en su color armónico; automáticamente recuerdo la versión del mismo tema por Guillermo Klein en 2019, ciertamente otros tangos siguen siendo posibles en el mundo actual.

Considerado algo así como un Gershwin del tango, Piazzolla mira al sur, su sur, nuestro sur; indagando en las raíces musicales de la cultura porteña descubre también desde temprano la música clásica, digamos mejor, académica. A Bach de la mano de su maestro Bela Wilda y al jazz en sus estadías en Estados Unidos y Europa. Aprende bandoneón de pequeño y más tarde composición, orquestación y contrapunto con Alberto Ginastera. Quizá por la tradición clásica es que sus músicas asumen nombres como Fuga y Misterio, Tangata, La Suite del Angel o la serie de Estaciones Porteñas en clara alusión a las que fueran de Vivaldi. Piazzolla compone también música sinfónica y piezas totalmente escritas; escucho ahora Tres Movimientos Sinfónicos y a pesar de que me parecen excepcionales prefiero volver al Octeto; su sonoridad me resulta más cercana. Resulta casi paradójico que una compositora académica, fuera quien lo invitara a explorar su verdadera esencia tanguera desde la música popular misma. Nadia Boulanger marco las carreras de grandes músicos y músicas populares entre ellos Egberto Gismonti, Philiph Glass o Quincy Jones.

Astor se nutre de la tradición musical europea, pero propone la propia; para esto desafía al género que lo vio nacer haciendo música instrumental de vanguardia. Su disrupción casi le cuesta la expulsión del mundo del tango: ‘esto no es tango!’ aclamaron sus detractores en los años 60. Sin embargo, y al contrario de lo dicho por esas voces, nadie duda que Piazzolla puso en valor el edificio del tango, género que consideraba propio, haciendo del mismo algo vivo. Y no solo al tango le cabe su aporte, sino también a la música universal como diría Hermeto Pascoal, otro gigante de la música, al sumarse en 2016 al festival que homenajea a Astor. Escucho ahora Viva Piazzolla de Hermeto y recuerdo su participación en Experiencia Piazolla 2016.

Para entender la estética Piazzolleana hay que bucear también en su relación con el jazz. El Octeto Buenos Aires, por ejemplo, se inspiró en el grupo del saxofonista Gary Mulligan a quien Piazzolla había escuchado durante su estancia en Paris. La música del octeto incluye improvisaciones en la guitarra eléctrica, walking bass y fuertes figuras rítmicas que podrían incluso considerarse equivalentes a los riffs en el jazz. Astor grabaría más tarde, en 1974, Reunión Cumbre un disco con Mulligan que puede considerarse como el encuentro más importante —¿quizás un reencuentro? — de los mundos del jazz y del tango.

El juego de lo improvisado jazzístico y la composición académica especialmente la de la música barroca se encuentran en la música de Piazzolla. No creo apropiado utilizar para describir estas sonoridades la idea de fusión o hibridación de músicas, como si estas provinieran de dos mundos diferentes. Percibo el encuentro como una reunión de dos viejos amigos, o como la confluencia de dos corrientes de agua en un único gran río. La búsqueda insistente de lo renovación puede leerse como la renovación de un vínculo pasado. Esa insistencia puede escucharse en la repetición de un riff u ostinato, la variación y ornamentación permanente de un motivo melódico que se desarrolla hasta el máximo de sus posibilidades. A pesar de su vínculo con el Jazz, dicen que Piazzolla no improvisaba, que escribía y arreglaba o ensayaba cada una de sus variaciones. Sin embargo, la exploración de lo novedoso y el diálogo que la variación permanente sobre una idea musical inicial, nos remite al preludio, la fantasía o la fuga barroca pero también a un gran solo de Jazz. La incasable repetición percusiva, groovera, casi minimalista de un motivo rítmico en clave 3-3-2 sonando mientras escribo me devuelve al mundo sonoro de Piazzolla. Escucho ahora Libertango pero en una increíble versión renovada por Diego Schissi tocando en un Bar porteño hace unos pocos años.

Veo en Piazzolla como al compositor menos improvisado y a la vez al improvisador más compuesto del tango. Un hacedor de la práctica compositiva en el propio cuerpo, un performer que nos recuerda lo efímero de lo musical, en el acto, en lo espontáneo.

Ya no será el compositor académico nacionalista quien produzca las variaciones, fantasías, improvisaciones o fugas sobre los temas populares sino los mismos músicos y músicas de la calle, del bar, quienes condensen la figura social del músicx. Suena ahora el grupo mendocino Altertango tocando El arrebato (2018), un tema con claras reminiscencias piazzolleanas hago una pausa. Busco y pongo la versión de Buenos aires Hora Cero de la Orquesta Fernández Fierro, recuerdo que esta enlazada con el tema de Jaime Ross Las luces del estadio. Música Rioplatense, futbol y nostalgia.

Piazzolla, se ubica entre los movimientos de vanguardia que renovaron las músicas populares en la segunda mitad del Siglo XX; el jazz modal y de fusión, la música popular brasilera y más tarde el rock progresivo entre otros tantos. Podríamos presentar a Piazzolla como un músicx progresivx, en tanto expande los límites dados por lo genérico. En este sentido diremos que es maestro en el arte de la resignificación de lo musical tradicional. Nunca resultó fácil interpretar, interpelar o renovar una música, renovarla para darle vida, desarmarla y volverla a armar.

Una música en la que la fantasía arremete en la búsqueda de lo nuevo, donde lo improvisado medio compuesto se adueña o reconquista el ámbito de la creación musical. Ahí, en uno de los espacios e intersticios en los que lo popular busca decolonizar lo culto. La música de Piazzolla se posiciona desde el tango como espacio de saber de la cultura, quizás también de la contracultura, si es que existe alguna cultura a la que sea necesario llevarle la contra. Lo revolucionario en Piazzolla se vincula una apropiación de elementos del mundo de lo musical hegemónico —¿foráneo? — una deuda musical que salda con moneda nacional y en cómodas cuotas. Piazzolla le da cuerda al reloj del tango, larga vida, otra vida. Es por eso que no pierde vigencia, es por eso que inspira versiones nuevas varias décadas después y nos invita a tocar y a crear. Piazzolla nos propone no bajar los brazos, aunque la renovación parezca imposible. Escucho Escualo, el increíble disco de Escalandrum, Piazzolla plays Piazzolla donde toca su nieto Daniel Pipi Piazzolla y recuerdo el Conjunto Electrónico de Astor donde ya incorporaba Batería y vientos. Miro el estuche de mi saxofón y pienso ¿por qué no? Siento la necesidad de tocar una vez más y por qué no, improvisar sobre algunas de las melodías de este gran músico.

Joaquín Blas Pérez

Músico, Saxofonista. Compositor e Improvisador. Dr. en
Artes. Profesor e Investigador en la Universidad Nacional de La Plata.

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ASTOR PIAZZOLLA

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