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Arraigadas en territorio: imaginarios en derrumbe

A un año y medio de estar en proceso de investigación en el equipo “Arte, naturaleza y paisaje: prácticas artísticas contemporáneas en territorio rionegrino”, un espacio donde conjugan diferentes disciplinas artísticas, empezamos a pensar de qué manera podíamos vincularnos atravesando una pandemia. Esto derivó en tener que reformularse o quizás re-inventarse en la adversidad, lo cual operó como motor para pensar cuál era el espacio que podíamos crear para llevar adelante nuestro proceso de investigación.

En pandemia, todes de alguna manera tenemos la percepción de que nuestros paisajes se encuentran en un momento de transformación acelerado, lo cual provoca cierto sentimiento de pérdida y desconcierto. Esto se debe a que vamos descubriendo la existencia de leyes y patrones de ocupación que transforman ese territorio que habitamos.

Así nos reunimos nosotras en aquel momento en el ámbito de la investigación donde reflexionamos juntas, con intereses e inquietudes similares, con más preguntas que respuestas y con vivencias para compartir.

Ambas procedentes del campo del arte, nos posicionamos frente a temáticas y problemáticas que nos intranquilizan y que forman parte del territorio que habitamos, aquel espacio geográfico en el que tanto una como la otra, de distintas maneras, echamos raíces y construimos la vida. Pero el territorio al cual hacemos referencia en este escrito no es solo el suelo, lo estrictamente geográfico anclado a una lógica de la ciencia moderna. El territorio es memoria, es archivo, es identidad y hablamos desde este territorio vivido, desde la experiencia misma de habitar el territorio norpatagónico y ser parte del entramado de sentidos que le han dado forma.

En ese habitar el espacio, es donde nos situamos para dialogar, es decir, se trata de una reflexión geosituada, un pensamiento cartografiado. En este sentido, consideramos que pensar en una sola manera de abordar ciertos temas es complejo. Creemos que si hay algo que nos amalgama es el advertir desde qué lugar nos sentimos más cómodas para encontrarnos creando y de esta manera afrontar la escritura de un modo fluido a través del intercambio de información. Hablar mucho y sobre el diálogo montar los conceptos en imágenes, al tiempo que habitar los procesos artísticos desde una resignificación contemporánea que implique territorializar nuestras experiencias.  Nuestra búsqueda entonces, no es lineal y acabada, se transforma en un laboratorio de ideas constante, que por momentos decanta en pensar escenarios de micro ensayos audiovisuales y por otros reposa a la espera de nuevos procesos creativos.

Articulamos lo escritural, lo visual y lo audiovisual como algo vivo que habilita cruces a partir de los cuales tejer cartografías identitarias y reflexivas.

El arte contemporáneo permite ciertas licencias y es un campo propicio para dejar preguntas más que certezas, peculiaridad propia de nuestros tiempos, sin dejar nada establecido, sino invitar a abrir nuevos interrogantes que nos hagan pensar/actuar. A partir de la década del ´60, muchos pensadores como Andreas Huyssen plantean un cambio radical de paradigma que termina de desmoronar los cimientos del arte moderno. El campo del arte se descentraliza y las temáticas se multiplican en relación a las múltiples geografías y subjetividades que en su emergencia comienzan a ser visibilizadas.

¿No es acaso el momento de pensarnos heterogéneas y correrse de los lugares esencialistas para pensar el espacio que habitamos?

– ¿Por qué nos hacemos preguntas? → nuestra forma de investigar: borradores como insumo.

Tal como mencionamos más arriba, el campo del arte contemporáneo habilita a nuevas y otras formas de llevar a cabo la investigación. Cuando hablamos de investigación en el arte nos encontramos frente a una problemática, ya que por lo general se espera poder llenar ítems, hablar de objetivos, resultados obtenidos, es decir todo aquello que responde a un modo protocolizado en formalidades que resulta conflictivo llevar al arte. Se intenta replicar una metodología propia de las ciencias duras que nos ponen frente a un tipo de conocimiento pensado en bloque, a un tipo de exigencia metodológica que resulta problemática para las prácticas artísticas. En el arte hay un elemento manifiesto que es lo corpo-vivencial y el involucramiento con lo simbólico, entonces estas exigencias formales resultan forzadas. En este sentido, no tiramos por la borda la metodología, sino que lo que planteamos en ciertas ocasiones es permitirnos esos corrimientos.

De esta manera, en el trayecto mismo esas preguntas a veces sin respuesta con las que nos encontramos son el eje de la investigación. A su vez, la operación misma de cuestionarnos constantemente, en torno a una temática, pero también en relación a nuestras propias prácticas, nos introducen al juego de pensar, habilitar y habitar las contradicciones. Estas preguntas tienen como objetivo interpelar(nos) y abrir al debate con un otre como interlocutor, no como un mero espectador.

-Los videos. Escenarios posibles como una derivación del cuestionamiento. El descarte que nos sirve.

En esta línea los videos surgen como una posibilidad más que como una finalidad, advertimos que en los borradores de los escritos que comenzamos a desarrollar habían preguntas y tópicos a abordar que estaban en proceso o que simplemente tenían la función de ayuda memoria. Esto nos pareció interesante como recurso, es decir aquello que posteriormente, al finalizar un escrito, se descarta, a nosotras nos pareció válido retomarlos como estrategia y como producto mismo. A partir de esto, surgió la posibilidad de construir nuestra propia manera de trabajar, donde las anotaciones y el descarte de esos escritos son la materia prima para la posibilidad de crear y poner en imagen y sonido nuestro proceso de investigación.

Los videos que nos encontramos creando funcionan de alguna manera como una bitácora audiovisual donde no se trata de un producto acabado, sino que los utilizamos como un diario personal colaborativo donde podemos dejar reposar nuestras incertidumbres para retomarlas y hacerlas parte del proceso de investigación que abordamos escrituralmente.  De esta manera la indagación se apoya en un cine de la posibilidad de que quien mira complete, como un audiovisual de la potencia que discute de alguna forma las relaciones de poder.

Si hay algo que procuran tener nuestros vídeos-ensayo, es una conversación previa con escritos, ideas y reflexiones que hacemos en crudo, y entre charlas hay algo que va y que viene donde el relato y nuestra voz narradora modifica la manera de mirar esas imágenes.

Las preguntas que nos hacemos parten de la construcción de la idea del desierto, de cómo interpretamos la estepa y qué nos pasa con eso. Aparece un relato sobre cómo podemos construir, mirar y derrumbar imaginarios, teniendo presentes todas las convenciones que nos atraviesan territorializando esa experiencia.

Por otro lado, investigar invita a reflexionar sobre la propia disciplina, hay una serie de decisiones éticas que se toman al momento de pensar una puesta y plantar una cámara. Es entonces cuando pensamos en establecer el lugar de la mirada, y en este sentido es fundamental transparentar que somos nosotras mirando esas imágenes contando desde una visión de la historia que buscamos desarmar pero que a la vez se re-arma desde de esos relatos fragmentados, atravesados y desde una resignificación contemporánea de cómo interpretamos el territorio. Trabajamos en parte sobre algo que varies venimos hablando, algo que se intentó mantener en silencio, y que colectivamente necesitamos desempolvarlo. Nos preguntamos entonces por qué nos encontramos hoy reflexionando sobre lo mismo. Sin ánimos de dar una respuesta cerrada, consideramos que estamos frente a una problemática socio-histórica, que data de finales del siglo XIX, momento en el cual, bajo el lema de progreso y desarrollo, con Julio Argentino Roca a la cabeza, se produce el exterminio de poblaciones originarias con la finalidad de expandir las fronteras territoriales de un Estado Nación incipiente. Las secuelas siguen vigentes en nuestros días, bajo otras modalidades de apropiación del territorio que responden a estrategias moderno-coloniales. Por caso, la militarización del territorio en la meseta neuquina para posibilitar el ingreso de las empresas multinacionales para la explotación hidrocarburífera y con ello generar la diáspora de comunidades indígenas y campesinas. Son estas heridas abiertas las que nos convocan a reflexionar sobre estas temáticas, a mirar(nos) en y a nuestro territorio.

En relación a los videos, en uno de ellos el interés está puesto en una serie del artista regional Mauro Rosas. En “Territorio violento” el artista suple el pincel por un sello que tiene la forma de un fusil Remington, estrategia que claramente refiere al genocidio de la población originaria. El relato que acompaña el proceso de producción del artista, da cuenta de su propuesta estética, política y poética en la cual se recupera el paisaje de la estepa patagónica, de la meseta y del valle, reproduciendo fotografías tomadas a finales del siglo XIX y principios del XX, momento en el cual se produce una transformación del paisaje, a partir de su inclusión en los regímenes de producción y explotación globales.

En esta producción artística entonces, se retoman aquellas imágenes fotográficas que construyeron y ficcionalizaron el territorio considerado como un espacio a ser ocupado y transformado. Mediante su propuesta gráfica/artística las reactualiza poniendo en tensión el discurso que en ellas se sostiene y legitima.

En esta línea y bajo la pregunta ¿en qué pensamos cuando hablamos de la Patagonia? ¿y particularmente cuando hablamos de Río Negro? surge “Territorio cartografiado” en el cual el relato es el que guía la imagen y esa imagen se sostiene en la autarquía que refiere a un método técnico, donde todo se relata en un plano, propio del cine de los inicios, aquel denominado pre-cine o cine primitivo de fines del siglo XIX y principios del XX. Se construye una puesta en escena en función del plano.

Situamos el paisaje y la cartografía como eje central y factor de ordenación territorial, donde en un lienzo sostenido por una estructura frágil de fibra de carbono y atada con alambre aparece dibujada la República Argentina, en la cual se resalta la provincia de Río Negro. En su interior encontramos distintos conceptos de ordenamiento que parecerían construir cierta identidad y patrimonio colectivo territorial. Nos preguntamos entonces ¿A partir de qué cosas o ideas se re-conoce a la provincia? y entre conversaciones y experiencias pensamos en aquellas características mediante las cuales, desde una mirada enajenada y externa, se la identifica. Por ejemplo, ideas tales como peras, manzanas, sky, nieve, truchas, chocolate, frambuesas, y demás peculiaridades que de alguna manera exotizan y estereotipan el paisaje, ocultando las historias y relatos que lo construyen. “Y en esta línea, los paisajes culturales, la identidad y el patrimonio en la ordenación territorial pueden jugar un papel relevante, porque constituyen la expresión de la memoria, de la identidad de una región” (González y Bel; 2009: pp. 23).

El proceso va por dentro: reflexiones que nos quedan

Podríamos terminar este escrito compartiendo algunas preguntas que a nosotras nos interpelan y nos trajeron a estar acá escribiendo juntas. ¿Qué imágenes y discursos construyen el territorio patagónico? ¿Cómo nos vinculamos nosotras con ese territorio? ¿Cómo poder articular los diferentes modos de hacer y pensar la investigación? ¿Es necesario dar respuestas?

Cuestionarnos permite dejar abiertas las ideas, invitar al diálogo, permitirnos reflexionar y entender que a veces no hay más pretensiones que estas. Nuestra manera de pensar en torno a algo que nos inquieta se vincula con el observar y por momentos dejar eso en reposo para que de pronto encuentre su punto de ebullición. Esto es lo que nos entusiasma.

Bibliografía:
– Galindo González, J. y Sabaté Bel, J. (2009).“El valor estructurante del patrimonio en la transformación del territorio” en APUNTES, vol. 22, núm 1. Bogotá, Colombia.
– Huyssen, A. (1986) “El mapa de lo posmoderno” en Después de la gran división. Modernismo, cultura de masas y posmodernismo. Buenos Aires: Adriana Hidalgo editora.
– Penhos, M. (2017) “Las fotografías del álbum de Encina, Moreno y Cía. (1883) y la construcción de la Patagonia como espacio geográfico y paisaje” en Patrimonios Visuales Patagónicos. Territorios y sociedades. CABA: Ministerio de Cultura de la Nación.

* Imágenes obtenidas de: Patrimonios Visuales Patagónicos. Territorios y sociedades. CABA: Ministerio de Cultura de la Nación y la selección que acompaña el escrito fue realizada por Mariano Álvarez. 

Julieta Romano es docente en las asignaturas de Guión e Historia del Cine, del Depto. de Artes Audiovisuales, realizadora audiovisual integral. Mi mayor interés es generar audiovisuales donde se conjuguen formatos y se retraten diferentes tópicos de una manera simbólica y visual. Me inquieta todo lo que me genera alteridad, tengo memoria para datos innecesarios.  
Lucía Sartino es Lic. en Artes Combinadas por la Fac. de Filosofía y Letras (UBA) y Diplomada en Arte y Educación por la Esc. de Humanidades (UNSAM). Docente en los Deptos. de Visuales y Audiovisuales de IUPA y en la Fac. de Turismo (UNCo). Mis líneas de interés giran en torno al campo visual y audiovisual desde perspectivas teóricas contemporáneas que posibiliten vincular arte-territorio-paisaje y procesos identitarios. Puedo pasar horas viendo videos de Youtube.  

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