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Lo que pasa cuando las mujeres se juntan

No importa cuando leas esto: Mari, Naty y Silvi son y serán mis referentes de arte y formas de hacerlo. Me cuesta encarar esta entrevista sin caer en clichés y subjetividades trilladas pero no me importa, porque después de escucharlas y verlas hacer, miro mi cuerpo y me reconozco un poquito más que antes. Hasta me animo a decir que me quiero mucho más que antes. Cuando es del corazón y encima con responsabilidad social, el arte es más que arte y estas tres hermosas artistas son más que tres hermosas artistas. Es que el que no conoce a las vulvas, a cualquier santo le reza.

Colectiva Vulvalsur

Colectiva artística interdisciplinaria.

Está formado por Mariana Torres, Natalia Navia y Silvina Torres. Comienza a gestarse en el año 2013 como colectivo artístico interdisciplinario, con el objetivo de abordar cuestiones de géneros, corporalidades y sexualidades a través de las artes visuales. Se conjugan diferentes disciplinas artísticas como teatro, danza, performance y fotografía. Las obras nacieron a partir de indagaciones provenientes de los estudios en ciencias sociales de sus integrantes.

¿Quiénes son las Vulvas? 

Silvina Torres: A mí me gusta hablar del origen de la colectiva para hablar de quiénes somos. En ese origen todo empezó jugando: juntarnos a probar cosas, a sacarnos fotos, a ver qué pasaba, juntarnos a jugar. De hecho, cuando hicimos “El té de conchas” que fue, de alguna forma, nuestra primera obra oficial, se dio a partir de una juntada. Yo justo me había mudado a la casa que era de mis abuelos, una casa gigante que todavía tenía todas las cosas de ellos. Sus tazas, sus manteles, vajillas, todo. Así que armamos una mesa para tomar té, un té super cheto pero de mujeres desnudas. En ese momento hicimos las fotos, nos reímos un montón, pero era eso, un juego que quedaba en esa tarde de risas y encuentro entre nosotras.

Mariana Torres: Sí, es que hacíamos eso. Nos juntábamos a jugar y a probar cosas, pero era algo que hacíamos para nosotras, sin ningún objetivo puntual. 

Natalia Navia: Siempre estábamos atravesadas por algo divertido. 

Pero un día pasó algo y de un juego entre ustedes pasaron a un Salón de Artes Visuales.

ST: Sí, una locura. La muni de Cipolletti estaba organizando la muestra y fue Naty quien comenzó a decirnos que teníamos que mandar alguna de las fotos que habíamos sacado esa tarde de té. 

NN: Sí, en realidad fue Guadalupe Lazzaroni, una gran compañera e impulsadora de las Vulvas, quien nos dijo que nos presentemos. Yo no me animaba a decirle a las chicas pero a la vez, creía que teníamos que darle alguna entidad a la producción y se los planteé y ahí nomás, dijeron que sí. 

MT: Dijimos que sí, pero también seguía siendo un juego porque nadie pensó que nos iban a seleccionar. Nos teníamos que poner un nombre porque, claramente, no teníamos nada.

Y ahí nacen oficialmente Las Vulvalsur

NN: Eso fue muy loco y gracioso, porque pusimos ese nombre en chiste, era como “bueno, mandale algo relacionado a la vagina y al té de conchas” y listo. 

MT: Pero nos seleccionaron y nos tuvimos que hacer cargo del nombre y de todo (Risas). 

ST: Bueno, igual queríamos que esté vinculado a las mujeres, a las vulvas y a nuestra foto del té, pero también a la cuestión territorial. Había mucho de eso en nuestras intenciones. El cuerpo femenino, el territorio, cómo nos movíamos en el lugar, y esas cosas. Y la verdad, queríamos ser explícitas. Y nos salió (Risas).

NN: También había algo de metáfora en toda esa idea. Hay un tema de Spinetta que habla de la vagina como un ojo que mira al sur, para abajo, y lo relacionan como un ojo que tiene otros saberes, una magia distintiva. 

Entonces, se presentan al Salón de Artes Visuales, medio en chiste, pero quedaron seleccionadas. ¿Qué pasó ahí?

ST: Fue loquísimo todo, porque no sólo quedamos seleccionadas sino que obtuvimos una mención especial. 

MT: De repente, de cero a cien éramos artistas. 

NN: Sí, pero además habíamos sido seleccionadas y teníamos una mención con la foto del Té de conchas. A la gente le generaba muchísima incomodidad, desde mirar la foto hasta nombrarla. 

ST: Claro, además estamos hablando del año 2015. No hace tanto tiempo pero en el medio pasaron muchas cosas. Fue un momento donde no era tan fácil o tan común poner algunas temáticas sobre la mesa, sobre todo acá en la zona. 

NN: Sí, de hecho nos censuraron en esa muestra. Justo una conocida fue a ver la exposición y nos avisó que nuestra foto tenía una tela negra que la tapaba. 

¡Qué locura!

NN: Sí, pero era un poco el contexto. Nosotras habíamos hecho un texto para la muestra que hablaba un poco sobre qué pasaba cuando las mujeres poníamos sobre la mesa las cosas que, se supone, tenemos que esconder bajo la línea del mantel. Así, literal. 

MT: Sí, tan literal que van y nos ponen un tela negra encima. 

Super absurdo. 

ST: Totalmente. 

NN: Igual yo celebro mirar atrás y ver todo esto que sucedió y cómo sucedió porque nos argumentó un montón de cosas y de ejes con los que trabajamos después. 

De alguna manera, toda su argumentación respecto de la obra y este hecho en concreto, muestra clarísimo que todo lo que hicieron funcionó a la perfección. 

ST: Sí, tremendo. Yo creo que de golpe empezaban a funcionar un montón de cosas y no éramos conscientes de eso. Estábamos vibrando tan bien y juntas que no nos dábamos cuenta de lo que pasaba alrededor.

MT: Sí, la verdad es que nosotras seguíamos jugando y alrededor nuestro pasaban un montón de cosas. Después de la mención fuimos todos los participantes de la muestra a una cena y nosotras éramos parte del grupo de artistas, pero no nos sentíamos artistas. De nuevo, para nosotras era todo parte de un juego. 

¿Cuándo se dieron cuenta que empezaba a ser más que un juego?

NN: Después de todo esto, pasó que quedamos seleccionadas para una muestra en Trelew, en un espacio que se llama Distrito 1, y yo ahora, lo veo a la distancia y me doy cuenta de todo. Nosotras nos mandábamos, sin saber dónde estábamos paradas. Íbamos, conocíamos gente, pero siempre desde un lugar re tranquilo. A Trelew llevamos la foto del té pero además, instalamos una mesa super bonita, con mantel, tazas de porcelana, llevamos magdalenas, comida rica. Era una clásica mesa de té y queríamos ver si alguien se animaba a sentarse ahí. 

El gran salto a lo performático. 

MT: Sí, pero ninguna era consciente que estábamos haciendo performance. Para nosotras, de nuevo, era todo experimental. 

¿Y se sentó alguien?

ST: No, ¡¡nadie!!!

NN: No se sentó nadie así que cuando pensamos que ya había terminado todo el evento, nos sentamos nosotras porque teníamos hambre (risas). Entonces, muy inocentemente, nos pusimos a comer nuestras cositas. 

ST: Y de repente, empieza a volver la gente que, en realidad, no se había ido porque no había terminado nada, y nos rodean todos y empiezan a vernos tomar el té y comer (se ríen juntas). Como si eso fuera parte de la obra. 

MT: Hay una foto que nos sacaron, que se ve a todo el mundo mirándonos muy atentamente.  De golpe éramos unas super contemporáneas, haciendo performance, pero ¡¡había sido sin querer porque teníamos hambre!! 

No saber que estás haciendo una performance también es performático

NN: Fue muy gracioso y genial. Pero de nuevo, estábamos siendo super inocentes con todo lo que nos pasaba. En Trelew conocimos a Judith Bensimon, que fue una gran maestra junto a mucha gente que nos hemos ido cruzando durante todos estos años. Ella nos dijo que dejemos de decir que no éramos artistas y que todo nos sale de casualidad. Fue como un consejo super amoroso pero real. 

Hacerse cargo de que sí eran artistas y estaban haciendo arte. 

NN: Claro. Y también un poco ser conscientes de los lugares que estábamos ocupando.

¿Y qué pasó después? 

MT: Comenzamos a reunirnos más seguido a hacer fotografías, y compartir procesos, siempre rodeadas de mujeres que nos contaban sus experiencias. 

NN: Sí, ahí nos empezamos a dar cuenta de algunos ejes que nos atravesaban: el cuerpo, el territorio, las historias de las mujeres que se juntan.

ST: ¿Qué pasa cuándo las mujeres se juntan?, fue nuestra pregunta a partir de ahí, una guía. 

¿Y qué pasa cuando las mujeres se juntan?

MT: Magia. 

NN: Bueno, esa pregunta nos llevó a pensar un montón de cosas. Por ejemplo, empezamos a instalar la mesa del té con dos sillas en distintas situaciones, buscando que alguien se pueda sentar y compartir un momento con alguna de nosotras que esté sentada ahí. Y ahí, pasaban cosas tremendamente hermosas. Siempre se sentaban mujeres y nos contaban su vida y nosotras les servíamos un té. Extraño mucho eso. 

Hablemos de El Foco en el deseo. 

ST: Ahí vuelve a aparecer Guada.

MT: Guada venía trabajando hace mucho años con las chicas de la asociación Conciencia VIHda y Vidas Escondidas y quería que nos juntemos con ellas para hacer algo juntas. La idea era trabajar algunos ejes vinculados a la creatividad pero en torno a sus historias de vida y procesos. 

Conciencia VIHda nació en 1995 y es la primera organización de la Patagonia con trayectoria y continuidad en el trabajo de concientización y prevención sobre el HIV con perspectiva de género. 

La organización Vidas Escondidas está integrada por personas trans y fue impulsada por la hermana Mónica Astorga. Entre otras cosas, cuenta con un lugar de contención y refugio para mujeres trans donde funcionan talleres de oficios, de costura y peluquería.

NN: Guada quería que llevemos la mesa de té y que las agasajemos. Y así fue.

ST: Fuimos con todo: tortas, teteras, tazas hermosas, flores, manteles. Todo divino. Nos presentamos como colectiva y compartimos una tarde con ellas. 

NN: Todo fue muy hermoso. Compartimos nuestra mesa de té y desde ahí empezamos a ir más seguido y construimos un vinculo muy lindo.. 

Eso pasa cuando las mujeres se juntan. 

MT: Cuando se juntan alrededor de un té. La mesa del té es el conector de todos nuestros procesos, el que posibilita que las historias salgan y se cuenten. 

NN: Sin duda. Desde ahí, surgieron muchas cosas de la mano de las chicas. Las acompañamos en algunas fechas claves respecto a sus luchas, resignificando muchas cosas, a través de estrategias y acciones. 

En ese contexto aparece la beca del Fondo Nacional de las Artes.

NN: Claro. 

ST: Justo ese año se abrió en el FNA una convocatoria de Arte y Transformación Social, y entonces armamos todo ahí y salió. Era una beca para producir y bueno, hicimos un cronograma de trabajo con las chicas, porque claro, teníamos plazos establecidos y ya era otra la historia. 

¿Y cómo fue el planteo general?

NN: Armamos todo para que esté atravesado por sus historias de vida. Teníamos muy claro que queríamos mostrar todas las cosas que ellas son, porque sucede mucho que estas identidades se solidifican todo en que son trans y nada más que eso. Cosas donde la sociedad adhiere toda la identidad de una persona a eso y nada más. Nosotras queríamos mostrar todo lo que son: sus sueños, deseos, sus historias, de dónde vienen, en qué creen. Nos reunimos con cada una, con el objetivo de escucharlas y armar retratos a partir de saber más de ellas. Y estábamos horas charlando y escuchándolas.. Era muy hermoso. 

ST: La tarea era que a partir de los relatos de ellas armábamos una foto posible. Primero teníamos un encuentro de charla y de conocerlas, después pensábamos cómo pasar todo eso a una imagen y las volvíamos a ver para contarles la idea del retrato y ahí hacíamos la producción de las fotos. Para nosotras era super importante que esa imagen reúna lo que ellas son, pero sobre todo que ellas al verse se sientan bien, que se gusten en esa foto. 

NN: Ahí tener la beca del FNA fue clave, porque pensábamos todo: si ellas querían salir en las fotos con un vestido de tal o cual forma, íbamos y se lo comprábamos, porque para eso era. Esa posibilidad económica estuvo buenísima para acercarnos a crear esa foto que mejor las represente también. 

Hablar con Mari, Naty y Silvi siempre es un regalo. Podría estar horas. No hay forma de resumir en una entrevista tanto amor y compromiso en torno a temáticas tan importantes que nos atraviesan a todas. Antes de entregarnos a una tarde de mates y fotografías juntas, alrededor de una pileta y mucho color al mejor estilo caribeño, les quise preguntar si hoy sí se sentían artistas. Las respuestas no las voy a incluir, porque me parece que no es necesario.

Las opiniones y comentarios desarrollados en esta publicación responden a la subjetividad de los autores que participan.

Delfina Filloy

Comunicadora. Docente y Directora de Revista Árida en IUPA. Me gusta contar historias a través de la fotografía y hablo hasta por los codos.

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